Es una escena de todos los veranos: dos personas sentadas en la misma terraza y solo una se levanta con ronchas. No es mala suerte, y no tiene nada que ver con que la sangre sea más o menos dulce. Tiene que ver con lo que cada cuerpo emite al aire.
El mosquito casi no te ve
La visión de un mosquito es pobre y de corto alcance. Lo que tiene bien desarrollado es el olfato, repartido en las antenas y en los palpos. Un mosquito hembra en busca de sangre es, en la práctica, una nariz que vuela.
Y esa nariz busca cosas concretas, en un orden que depende de la distancia.
Primera señal, a decenas de metros: el dióxido de carbono
Todo animal de sangre caliente exhala CO₂. El mosquito detecta esa pluma y la remonta a favor del viento, en zigzag. Es la señal que dice «por ahí hay alguien a quien picar», y funciona mucho más lejos que ninguna otra.
Por eso una persona grande, o alguien que acaba de hacer ejercicio, o una mesa con seis comensales, atrae más que una persona quieta: se exhala más CO₂. Y por eso las trampas profesionales que usan los servicios de vigilancia llevan una bombona de CO₂: sin ella, la trampa solo compite de cerca.
Segunda señal, a metros: el olor de tu piel
Cuando ya está cerca, lo que guía al mosquito es la mezcla de compuestos que suelta la piel: ácido láctico, amoníaco, ácidos grasos, y decenas de sustancias más que produce la bacteria que vive en la piel, no la piel misma.
Esa mezcla cambia mucho de una persona a otra y es bastante estable en cada una. De ahí viene la sensación, que es real, de que a algunas personas les pican siempre y a otras casi nunca. No es la sangre: es el olor.
- Cambia poco con lo que comes. La idea de que la vitamina B o el ajo ahuyentan mosquitos no se sostiene cuando se estudia.
- Cambia con el sudor y con el ejercicio, que aumentan el ácido láctico.
- Cambia con la flora bacteriana de la piel, que es tuya y es distinta en cada parte del cuerpo. Por eso pican más en los tobillos.
Tercera señal, a centímetros: calor, humedad y contraste
En el último tramo el mosquito usa el calor del cuerpo, la humedad que desprende y el contraste visual: las siluetas oscuras destacan sobre un fondo claro. Es lo que le hace decidir dónde se posa exactamente.
Este orden (CO₂ lejos, olor a media distancia, calor y contraste al final) es la base de cualquier trampa que funcione. Un aparato que solo imita la última señal compite contigo desde muy cerca. Uno que imita las tres compite de verdad.
Qué puedes cambiar de todo esto
Poco, y conviene saberlo antes de gastar dinero.
| Lo que emites | ¿Se puede reducir? |
|---|---|
| CO₂ al respirar | No |
| Olor de la piel | Apenas. Ducharse ayuda un rato; los jabones perfumados no lo eliminan |
| Calor y humedad | No, mientras estés vivo |
| Contraste visual | Algo: la ropa clara y cubierta ayuda |
Como no puedes dejar de ser atractivo, las dos estrategias que quedan son tapar la señal (repelente sobre la piel) o dar una señal mejor en otro sitio (una trampa que huela a persona, esté tibia y aspire).
Por qué esto importa al elegir un aparato
Si un producto no emite CO₂, ni huele a piel, ni está tibio, no está compitiendo contigo por el mosquito. Puede hacer otras cosas, pero no esa. Es la pregunta que conviene hacerle a cualquier aparato antes de comprarlo: ¿qué señal de las tres imita?
Con esa pregunta en la mano, la comparación entre métodos deja de ser una cuestión de marketing.